domingo 20 de julio de 2008
Llagas,
antaño pensé que tenía
más amigos de los que tengo
y fue esta postura mi mayor consuelo
cuando sola y perdída surcaba
los laberintos del mundo, mas
la parca se viste de engaños
y de fétidas verdades se cubre
se parece un poco al poeta
que ayer soñó que me amaba.
de lo irreal a lo real
escribo el cuento que no puedo consumar
te veo
te veo caminar por la avenida
tenés una rara manera
de creer en la verdad de tus actos
o en los actos de tu verdad, que más da
el orden de las palabras
jamás altera una sentencia exacta
ni se transformará en poesía
lo que en versos se amotine.
ah, esta visión fatal no me abandona
y las llagas de mis manos se quejan
del repudio a mi onírica creencia
del amor como redentor de las horas
indignas cápsulas de tiempo
que guardan la esperanza y la ciencia
de mis ancestros heredada.
jueves 17 de julio de 2008
Estigmas
La fascinación por la verdad es un estigma También hay máscaras que disfrazan lo que perece Y cosas que la noche no develará Me alejo para encontrarte Porque la distancia es un maestro tirano que enseña tanto como quita Y por cobardía son pocos los que osan perdurar No hay amor en los rincones de esta ciudad mugrienta Y en el fondo de tus botellas No hay amor en los ensueños que oprimen tu consciencia Y en tu afán de dominación o en el mío Nada es tan mío como tuyo es El deseo De poseer
lo que el arte no resume Y el verbo jamás consumará
miércoles 9 de julio de 2008
A las 100
por des-intereses ajenos,
tal es la suerte del que mira
sin mirar la apariencia de las cosas.
Salud, Buenos Aires
soy la misma que se fue y vuelve
Vuelve
Vuelve no siendo la misma y sos vos
la que en cambios se retuerce
O quizá
Nada cambia, nunca
Ni vos
Ni yo
Ni los abismos que circundo
cuando siempre es de noche
y es domingo cada día, cuando amanece
Y el sol es porteño
y es sol sin Buenos Aires
Y todo es sin que yo lo mire
sin que me vaya
sin que vuelva
Salud, escenario y prisión
del bostezo de mis días.
.
miércoles 2 de julio de 2008
Sesenta y cinco
Muchas de las ideas que lo mantenían despierto esa noche, giraban alrededor de Thomas.
Bernardo pasa delante del espejo en la oscuridad del living y se detiene; mira una cara que conoce bastante bien, aunque prefiere abstraer los pensamientos para dentro de sí.
Se pregunta qué cosas hay cabalmente imprescindibles. Y ¿quién no supera un algo perdido si la construcción de un nuevo ideal? Pero también está la nostalgia que envenena el devenir de los días, y una elección.
Bernardo volvió a pensar en Thomas y sintió esa cosa que nunca había logrado definir, razón por lo que había evitado pensar en él a toda costa, y sin embargo, ahí estaba: recordando otra vez. Había logrado deshacer racionalmente o exorcizar de sí aquella historia y como por arte de magia su in-conciente le había arrojado sueños macabros que no eran más que el recuerdo en sí devenido en mensaje onírico. Me sorprendería si no hubiera vivido para ver la era del psicoanálisis después de Freud, se dijo irónicamente y ¿Por qué recuerda el hombre? Pensó que sería acaso para definirse a sí mismo, o por la simple voluptuosidad en el anhelo.
Había conocido a Thomas en un viaje a Inglaterra que se extendió en siete años de un exilio que le hizo añorar Buenos Aires como un amor perdido. Lo convenció de las hermosas desventajas de ser un bonaerense más, y empezaron juntos el viaje que los llevó al quinto diecinueve de un edificio medio en ruinas de la calle Balcarce.

