miércoles, 30 de julio de 2008

Embestida,

A veces temo la embestida
de tu ira, de tu lamento perpetuo
contra la vida
que arrebató de vos, lo mismo
que de tantos otros
Aunque creas que la desgracia
es el estigma intrínseco
de tu existencia de vano hombre.

Qué lamentable es ver el rostro
de ancianos obsenos
con lágrimas furtivas rodándoles
por una mejilla o derramándose
en la mesa, cuando toman
su desayuno solitario
¿A dónde a huído todo?

Nada queda si no se ha sabido
entender a tiempo
-para aprovechar a tiempo-
la levedad del espíritu y la carne
en cuanto son uno sólo.

domingo, 20 de julio de 2008

Llagas,

dejáme ser sincera
antaño pensé que tenía
más amigos de los que tengo
y fue esta postura mi mayor consuelo
cuando sola y perdída surcaba
los laberintos del mundo

pero la parca se viste de engaños
y se cubre de verdades fétidas,
se parece un poco al poeta
que ayer soñó que me amaba

de lo irreal a lo real
escribo el cuento que no puedo consumar
te veo
te veo caminar por la avenida
tenés una rara manera
de creer en la verdad de tus actos
o en los actos de tu verdad, que más da

(el orden de las palabras
jamás altera una sentencia exacta
ni se transforma en poesía
lo que en versos se amotina)

ah, esta visión fatal no me abandona
y las llagas de mis manos se quejan
del repudio a mi onírica creencia
del amor como redentor de las horas
indignas
cápsulas de tiempo
que guardan la esperanza y la ciencia
de mis ancestros heredada.

jueves, 17 de julio de 2008

Estigmas


La fascinación por la verdad es un estigma También hay máscaras que disfrazan lo que perece Y cosas que la noche no develará Me alejo para encontrarte Porque la distancia es un maestro tirano que enseña tanto como quita Y por cobardía son pocos los que osan perdurar No hay amor en los rincones de esta ciudad mugrienta Y en el fondo de tus botellas No hay amor en los ensueños que oprimen tu consciencia Y en tu afán de dominación o en el mío Nada es tan mío como tuyo es El deseo De poseer
lo que el arte no resume Y el verbo jamás consumará
...
..
.

miércoles, 9 de julio de 2008

A las 100

Explotado al máximo
por des-intereses ajenos,
tal es la suerte del que mira
sin mirar la apariencia de las cosas.

Salud, Buenos Aires
soy la misma que se fue y vuelve
Vuelve
Vuelve no siendo la misma y sos vos
la que en cambios se retuerce
O quizá
Nada cambia, nunca
Ni vos
Ni yo
Ni los abismos que circundo
cuando siempre es de noche
y es domingo cada día, cuando amanece
Y el sol es porteño
y es sol sin Buenos Aires
Y todo es sin que yo lo mire
sin que me vaya
sin que vuelva
Salud, escenario y prisión
del bostezo de mis días.






.

miércoles, 2 de julio de 2008

Sesenta y cinco

Muchas de las ideas que lo mantenían despierto esa noche, giraban alrededor de Thomas.

Bernardo pasa delante del espejo en la oscuridad del living y se detiene; mira una cara que conoce bastante bien, aunque prefiere abstraer los pensamientos para dentro de sí.

Se pregunta qué cosas hay cabalmente imprescindibles. Y ¿quién no supera un algo perdido si la construcción de un nuevo ideal? Pero también está la nostalgia que envenena el devenir de los días, y una elección.

Bernardo volvió a pensar en Thomas y sintió esa cosa que nunca había logrado definir, razón por lo que había evitado pensar en él a toda costa, y sin embargo, ahí estaba: recordando otra vez. Había logrado deshacer racionalmente o exorcizar de sí aquella historia y como por arte de magia su in-conciente le había arrojado sueños macabros que no eran más que el recuerdo en sí devenido en mensaje onírico. Me sorprendería si no hubiera vivido para ver la era del psicoanálisis después de Freud, se dijo irónicamente y ¿Por qué recuerda el hombre? Pensó que sería acaso para definirse a sí mismo, o por la simple voluptuosidad en el anhelo.

Había conocido a Thomas en un viaje a Inglaterra que se extendió en siete años de un exilio que le hizo añorar Buenos Aires como un amor perdido. Lo convenció de las hermosas desventajas de ser un bonaerense más, y empezaron juntos el viaje que los llevó al quinto diecinueve de un edificio medio en ruinas de la calle Balcarce.

Thomas encontró rápidamente su lugar en la ciudad y se las arregló repartiendo clases de literatura inglesa a viejas burguesas que además apreciaban sus dotes de amante, según le había dicho a Bernardo en un tono jovial y you should do the same bloody thing, my friend decía y Bernardo sonreía pero nunca acotaba nada. Thomas le recordaba un poco a Van Gogh; tenía el pelo y la barba rojizas y además una mirada que a veces parecía vaciarse, como si estuviera ausente pensó Bernardo y volvió a fijar la vista en el espejo. Sería mejor volver a la cama, el frío del otoño empezaba a caer.