jueves, 17 de enero de 2008

mirada retrospectiva,


recuerdos de un amor pasado
se amontonan en un cajón de la infancia.
no hace tiempo solíamos creer en la búsqueda de la verdad
y en el amor,
visión poética de un mundo imperfecto.

Aún te sigo buscando,
en cada cosa que miro hay un destello
de nuestra utopía de antaño.

sábado, 12 de enero de 2008

Cero.

El problema después de tanto tiempo no era la falta de amor sino todo lo contrario, siempre se puede besar mejor a un extraño (pensó) porque este mundo es la parodia asquerosa de un viejo ideal.

Él también había preferido revolcarse en camas vacías durante los años de juventud, había querido decir “sí” para siempre y había desistido, veía algo de inalcanzable en todo, una utopía lánguida descansaba en los cajones de su mesa de luz, bajo un libro de bolsillo del Profesor Nietzsche.

Un hombre camina un espejismo de años eternos hasta el umbral de cierta edad, entonces divisa a lo lejos la caída del sol, el ocaso de su ilusión de trascendencia se derrumba del cielo y cae, con el peso de todo lo viejo y desgastado, ahora los años se des-cuentan y se anudan en nostalgias de alegrías superfluas y de tiempos que por pasados y pisados se verán siempre mejor.

La virtud detrás de la fidelidad es a la vez su defecto.

No es el compromiso sino el aburrimiento lo que ha movido a la humanidad desde siempre en busca de variaciones de su realidad. El ideal del hombre se transformó así, en su propio antagonista; un compromiso con la realidad, el estado ideal, es socavado por el rayo destructor del aburrimiento. El terror del sinsentido descansa ahora tras el velo de un nuevo ideal.

Bernardo agarra una cuchara y revuelve la ginebra que puso recién en el café. Es invierno y su casa es la antártica. No hay estufa, dos hornallas están prendidas en la cocina. Ha pensado que debió detener a Laura. Quiso evadir el dilema y se pasó todo ese sábado en el bar, cuando volvió, (eran las nueve de la noche), Laura ya se había mandado mudar.

Hace dos días la encontró pernoctando con cierto profesor de literatura inglesa, en el sillón de su casa. Bernardo no dijo demasiado sobre el “episodio”, cosa que molestó sobremanera a Laura, porque para colmo de males parece que no le importa.

Laura siempre fue fiel, su compromiso con Bernardo era certero y fue sólo el aburrimiento lo que la llevó a concretar la novedad de otro amor. Bernardo lo comprendía así, pero la condescendencia de un hombre de razón es una virtud imperdonable. Laura había tenido una crisis, el ideal de su amor era quebrado por la visión de un amor distinto: un nuevo ideal devoraba la extenuación de un ideal añejo.

Bernardo no opuso demasiada resistencia, no confiaba en la necedad de obstruir el devenir de las cosas. La palabra i-ne-vi-ta-ble se define a sí misma, y Bernardo es de esos que gustan de coleccionar significados y significantes, la noción que inevitable abarca, es a la vez deleite y amargura de su conciencia. Pero ahora es tarde. Laura se ha ido y quizás no vuelva a verla.

Bernardo sorbe el café-ginebra, se frota las manos para ahuyentar al frío.



©La inutilidad de las horas anda siendo compaginada por estos días, pues toda obra anhela su consumación. Como opera prima (al menos en lo que a novela se refiere) su destino será (probablemente) el de morir en uno de los baúles que tengo esparcidos en casas ajenas (porque yo no tengo casa ni ajeno) pero en fin, será al fin un intento de trascender mi nihil, una justificación de tanto inconformismo (¿fundado?). No es que el arte sea inútil, son las horas que no valen si no hay intento de ver más allá de la opresión de lo con-secuente; la aliteración de los días. El artista posee una visión y una misión, si algo dijo de cierto Wilde, es que los grandes destinos son sólo para las grandes almas... hagamos el favor de intentar.

martes, 1 de enero de 2008

El Alumbramiento,

Mística.
Es un recoveco de la mente
Al que no llegarás
Tan sólo ahogándote
En bocanadas de humo.

No son los ojos
El que ve.
A eso habrá que entenderlo
Tarde o temprano,
O seguir arropándose
En mentiras holgadas
Y mórbidas.

Como el nacimiento de un hombre
Que atraviesa la oscuridad inmóvil
Hacia una luz
Dolorosa y atrayente,
Tal es la alegoría divina
Que La Madre
ha legado a la conciencia del ser.

No necesito credo,
Ni me declaro agnóstico,
El mundo es mi único ídolo
Mi única certeza,
La Ciencia de Dios;
El devenir de un presente eterno
Que me arrastra en ciclos

Mi lucha es contra el olvido
Razón tras razón para buscar,
esto es precisamente lo que yo busco.
Baco desciende sobre la tierra,
Y la contemplación
también es voluptuosidad del espíritu.