martes, 25 de septiembre de 2007


De Profundis, del señor Oscar Wilde.


Lo leí un domingo, triste. Me parece que llovía, o hacía frío (saben que ambas posibilidades son factibles según el clima divino que hemos tenido ultimamente). Venía yo de varios días de aislamiento y cavilación (esa práctica ridícula de los lectores ávidos) y sucedía que ese domingo ya estaba cansada de tanta maquinación, pero a la vez, como suele sucederme; no tenía ni la más mínima intención de salir a la calle a buscar una distracción, acaso llamar un amigo o a un semi-conocido que me proporcionara una charla amena que me alejara de mi idiotés intelectual.

De manera que decidí enfrentar mi destino y persistí en mi encierro. Miré a mi biblioteca (imagínese simplemente una cierta cantidad de libros apilados en el suelo de la habitación) y alcancé a ver a Wilde llamándome, entre Dostoievski y Hesse.

Empecé a leerlo por la mañana, fumé, di vueltas por la casa, tarareé dos o tres canciones de Janis, sentí un adagio, volví a la lectura, etcétera, y ya de noche, terminé las últimas lineas, enjuagándome un poco los ojos.

No era ya el domingo lo que contaba, ni mi maquinación existencial, ni mi amor perdido, ni todo lo que iba a ser, o la autocompasión, o el juego de rol que incluso ante sí mismo uno juega, o la psicósis o el anhelo o el hastío o... la profundísima tristeza con la que Wilde había escrito sus memorias del des-amor vinieron a menguar lo que en mí había, y entonces, pongámoslo así: transfórmose todo en algo más, que acaso pueda llamarse arte.


lunes, 24 de septiembre de 2007

Decepción y anhelo de poeta,



"Esta relación está viciada con el exceso de confianza"

Es deprorable ver como, con el pasar del tiempo, todo entusiasmo va sucumbiendo por su propio peso y tórnase también su propia antítesis: desgano e incluso hastío.
He venido yo a repudiar esa realidad deprorable, mi alma reclama un algo perenne y hermoso. ¡No quiero lo falso, he dicho! Quiero la verdad sublevada ante cualquier mediocridad, cualquier sumisión al puro instinto. Quiero un hombre fuerte que a sí mismo se supere y en sí indage la causa de todo; una dedidad perdída del mismísimo Olimpo, un hijo del dios Jove hecho carne.

martes, 18 de septiembre de 2007

De qué verdad?

Me parece que sólo hay una verdad, y es: la verdad. La que uno descubre indagando. Seguramente la mía no será igual a la de aquél y así todo..., tampoco habrá un sólo camino ni un sólo fin, como digo siempre, dependerá de lo que uno quiera encontrar. Todo puede ser refutado, eternamente. Incluso lo probable.
Y como diría cierto amigo mío: "a las razones de mis opiniones ya las viví hace tiempo..."
Así que hasta ahí llegamos con la explicación,
salud!

viernes, 14 de septiembre de 2007

De ser vulgar, ser artista, ser filósofo

El conocimiento de la realidad no puede sino generar desprecio. Para evitarlo, tendrá uno tres opciones: la primera, desconocer, ser vulgar. La segunda, ser artista, adorador de mentiras que embellecen la realidad. La tercera, ser filósofo, amante de la verdad que delucida la realidad.

sábado, 8 de septiembre de 2007

Mientras charlo con un maestro,




















Vení a mi certeza
dejáme abrazarte
más tarde vendrá la duda
a matarnos
Mas por mi bien,
volveré a encontrarte
Alegre, danzando en el Eterno Retorno
de todas las cosas
¿Qué me importa ya mi perdida?
¿Y esta nostalgia vil, y este dolor?
¡Vení a mí, certeza!
Dejá a tu alegría reposar
en este corazón amante,
¡Y vení a mí, destino!
Que yo amo mi eternidad,

"¡Porque yo te amo, eternidad!"

De mi carne ¿qué importa?
arrancar la necesidad de vos
¡que me libre la voluntad mía!
que se guarde mi amor para otro tiempo,
¡y que en la voluptuosidad de la carne
halle mi egoísmo un dulce vino!

lunes, 3 de septiembre de 2007


Si para que me ames no debo
manchar tu ideal
Si debo erigir mi imagen
a semejanza de tu anhelo
Si el precio de tu amor
es esa mentira vital
de mantenerme inconclusa
Prefiero escupir en tu pretención idiota
armar mis valijas
de libros y hastíos
Y retornar a la soledad
que conoce de mí
más que tu deseo
Porque no voy a quemarme en la hoguera
de esta puta pasión, mi amor
No voy a jugar el juego
de ese cortejo funebre
Porque yo soy poesía
antes que poeta
No voy a adornar mis visiones
con versos ni quimeras.